viernes, agosto 22

Ayudas para la bimestral de Castellano - nivel noveno

 

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Arrellanado: Sentado cómodamente, recostado con abandono.

Aparcerías: Contratos agrícolas en los que dos partes comparten beneficios de la cosecha.

Terciopelo: Tela suave y espesa de superficie aterciopelada.

Disyuntiva: Dilema o situación en la que se debe elegir entre dos opciones.

Chicotazo: Golpe fuerte producido por el movimiento de una rama o látigo.

Restallar: Sonar de manera seca y fuerte, como un látigo.

Agazapada: Oculta o escondida, lista para atacar o aparecer.

Parapetarse: Protegerse detrás de algo para cubrirse.

Alameda: Camino o paseo bordeado de álamos u otros árboles.

Bruma: Niebla ligera que dificulta la visión.

¿Què es el yo lìrico? 

El yo lírico es la voz que habla en un poema, es decir, quien expresa los sentimientos, pensamientos o emociones dentro del texto. No siempre coincide con el autor real, sino que es una especie de “máscara” o figura creada para transmitir una experiencia poética. A través del yo lírico, el poema adquiere subjetividad, ya que este expresa angustia, alegría, amor, miedo o cualquier otra emoción, permitiendo al lector entrar en la intimidad de la vivencia poética.

S.O.S.

Estoy pensando qué cuerda podría lanzarte yo,
qué salvavidas.
Y pensando también
-con el alma estrujada en un turbión de pena-
en el hondo sofoco de tus aguas,
en tu esfuerzo
de nadar y nadar la vida entera,
en tus ojos que buscan, como peces sonámbulos
ensombrecidos de algas y de arena.
En tu cansancio,
en tu desgarradura.
Pero no tengo cuerda
ni red para salvarte
ni oración que conjure las tinieblas
o que sirva de tabla de naufragio
y ni siquiera
-ahí donde me ves, cargada con mis jarcias-
tengo orilla certera.

Piedad Bonet.


El contraste radica en que el yo lírico, aunque quisiera tender una ayuda, carece de los medios para hacerlo efectivo. Tiene la intención, la conciencia del peligro y la sensibilidad para percibir el dolor del otro, pero reconoce que no posee la cuerda, la red, la oración o la certeza de una orilla a la cual aferrarse. Es decir, está lleno de recursos emocionales y de deseo de auxilio, pero vacío de herramientas concretas para rescatar. Así, mientras la persona en peligro se hunde en el cansancio y la lucha contra las aguas, el yo lírico se enfrenta a la impotencia de su propio límite.


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